Terminamos una grabación y me llegó el mensaje: «murió Jozami». En febrero de 2019 fue cuando lo conocí.
Tenía 79 u 80 años ya, creo. Eduardo tenía ganas de posicionarse para las elecciones porteñas y conversando se convenció de que lo mejor era invertir su presupuesto en las redes. Nosotros buscábamos experiencia y ganar algo de plata para un amigo muy capo que se había quedado sin laburo. Llegamos a través de Enrique Saforcada (qepd), psicólogo social con pasado en la investigación de mercado. Me crié entre votantes del Frepaso y lectores de Página 12 así que era algo que tenía su encanto.
A pesar de que no logramos llevarlo adonde queríamos, en esos meses nos escuchó, se actualizó, nos respetó y cumplió en tiempo y forma con la suya. Mechi (socia de entonces) lo ayudó puntualmente en prensa y en ese interín conocimos también a Lila Pastoriza. Todavía le molestaban a Eduardo las fake news que le habían hecho a Lila en el menemismo por eso no quería ir a lo de Mauro Viale y discutimos sobre eso. Cuando yo (qué mocoso!) le planteaba que tenía que ser más audaz en tal o cual cosa, me escuchaba sin indignarse ni sofocarse. Aunque tuvo objeciones al principio, mi pasado trotskista o mi plasticidad para también trabajar para el PRO no fue objeto de discordia. Le interesaba, con todo su bagaje, experimentar nuevas formas de comunicación y valoraba la disciplina y el profesionalismo. Después trabajó como director de DDHH en el gobierno de AF y en su oficina del Ministerio de Defensa conversamos por última vez.
Lo recuerdo como un hombre super firme y también abierto que militó siempre por convicción en condiciones que muchos no podemos ni imaginar. Eso deberían respetarlo propios y ajenos. En una actividad de marzo de 2019, le pedimos a él y a su colaborador Matías Cerezo -siempre amable y bien dispuesto- que intentaran explotar la cercanía de él y de la gente que lo bancaba. Quedó una foto que expresa para mí, todo esto que relato.
Que descanses en paz Eduardo. Te lo merecés
