Galia Moldavsky: «Necesitamos herramientas para hablar esta época»

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Galia Moldavsky es socióloga por la UBA y periodista formada en TEA. Empezó en el portal Política Argentina, fue productora de Metro y Medio —el ciclo de Sebastián Wainraich en Radio Metro—, condujo Te aviso, te anuncio en Congo junto a Jesicall, formó parte de Mejor País del Mundo con Diego Iglesias en Radio Con Vos, y tuvo 1990 en Futurock y TATA en Gelatina. Hoy es una de las figuras centrales de Blender, donde además ejerce como directora artística.

La charla con Galia no empezó por sus credenciales sino por algo más difícil de precisar: la sensación compartida de estar viviendo una época que todavía no sabemos nombrar. Hablamos de política, de militancia, de progresismo en retirada, de medios viejos y nuevos, y de los libros que están ayudando a entender lo que está pasando.

El momento que estamos viviendo

¿Cómo ves la Argentina hoy?

Qué pregunta. Me parece que nos estamos acomodando todavía al cambio de gobierno, pero más que nada porque no está claro qué es lo que va a pasar con toda esta concepción de mundo que traen. Realmente es una incertidumbre para mí: qué va a pasar en términos de si va a funcionar o no va a funcionar, hasta dónde van a llegar. Creo que este gobierno está enmarcado en un proceso más grande que la Argentina, que es un proceso global. Una agenda que no es argentina, no son batallas que se están dando solo acá, que tiene que ver con el fin de una cierta hegemonía en el mundo: un tipo de estado, un modelo, una serie de ideas y reivindicaciones culturales y sociales que uno podría definir como progresismo.

Algunos dicen «la combinación de neoliberalismo y progresismo». Me parece que estamos viviendo hace varios años ya, en el mundo, y ahora en Argentina en particular, un cambio en esa hegemonía de ideas. Y este gobierno es como la expresión argentina de algo que está pasando en todo el mundo. También es la expresión argentina porque tiene cosas que son muy específicas de Milei, como por ejemplo la idea de anarcocapitalismo, que es muy suya. No todos los líderes populistas de derecha —si lo tenemos que definir de alguna manera— tienen esa concepción de la economía o del estado. Pero sí todos tienen la batalla cultural, como la llaman ellos, la batalla contra «el marxismo cultural». Eso me parece que los une a todos. Y también una idea de que hay un tipo de estado que se propuso, que no cumplió con lo que tenía que cumplir.

Con la Argentina en particular, me parece que estamos a la espera. Yo en lo personal estoy esperando ver cómo sale en términos económicos, que es la principal variable en general para definir si un gobierno renueva o no renueva. Y en términos sociales y culturales, es una etapa donde no tenemos la hegemonía los que pensamos de manera progresista. Entonces nos toca bancarnos un montón de cosas que también ellos habrán bancado cuando nosotros fuimos hegemonía durante muchos años —no hablo de gobiernos, hablo de décadas de construcción de consenso sobre derechos humanos, sobre racismo, xenofobia, feminismo, etcétera.

Jóvenes de la escuela Carlos Pellegrini se suman a una movilización feminista por «Ni una menos»

Militancia y política

¿Cuándo empieza tu relación con la política?

En la secundaria, con la militancia estudiantil. Fui al Pellegrini, así que se tomaba mucho el colegio y todo eso, y obviamente al principio uno le es medio ajeno. En alguna de las tomas o en alguno de los momentos de lucha me empecé a involucrar, y de ahí en adelante no hubo marcha atrás. Aunque tuve etapas: en el laburo no siempre trabajé con política, hubo etapas que sí y etapas que no, pero siempre me hallo volviendo, a pesar de que hacer periodismo político en este país no es la tarea más agradable del mundo.

¿En qué agrupación estabas en el Pellegrini?

No militaba en ninguna agrupación. Era militancia estudiantil, era la delegada de mi curso y iba como representante a todas las asambleas y demás. La única vez que milité en un partido fue después de que salí de la secundaria: milité en el Frente Darío Santillán, que es la izquierda independiente. Milité cuatro años ahí, en la 21-24, y después cuando empecé a laburar más en serio lo dejé. Estaba estudiando también, y no se puede todo. La militancia realmente te exige muchas horas de tu vida y no te pagan, así que en algún momento en la balanza empiezan a entrar otras cosas.

¿Qué conclusiones sacás de ese período?

Para mí la militancia tiene algo espectacular que es que hay mucha vocación, mucha gente que da sin esperar nada a cambio, mucha gente que pone el cuerpo todos los días, que pierde plata literalmente. Realmente es una tarea tan desinteresada. Obviamente uno puede decir que hay partidos que han llegado al poder y que hay militantes que se convirtieron en funcionarios, pero el grueso de los militantes no son así. Me parece que es algo muy valioso que uno entiende cuando está adentro: la cantidad de horas y de tiempo que se invierte, y lo importante que es la militancia para sostener algunos espacios. Los comedores muchas veces están sostenidos por espacios políticos, y no es que alguien se está llenando de plata: hay mucha gente muy comprometida con lo que le pasa al otro. Eso es algo muy difícil de entender en estos tiempos, que una persona pueda tener genuinamente interés por cómo viven otras personas y que no sea una cosa con un interés de fondo. Con el gobierno que tenemos ahora y el cambio de clima de época, muchos no entienden que no todo es un kiosco o un curro, que hay mucha gente que está interesada en cómo vive el resto y en ayudar de la manera que puede. Eso es de lo más lindo que tiene el ser humano.

El Frente Popular Darío Santillán surgió de una de las principales corrientes piqueteras intervinientes en la crisis del 2001, el MTD (Movimiento de Trabajadores Desocupados)

¿Y qué pensás cuando ves la ofensiva política, mediática y judicial sobre los movimientos sociales?

Lo considero otro signo de época. Así como persiguen a los movimientos sociales, también persiguen a la gente que trabaja en el estado, a las feministas… es parte de un clima de época donde los movimientos sociales quedaron pegados a un tipo de estado que dejó de responder como tenía que responder. Pero no es lo mismo el movimiento Evita o Emilio Pérsico que un pibe de 18 años que va a una villa. Los movimientos sociales tuvieron un rol político, tuvieron un cargo literalmente: Pérsico fue funcionario del gobierno anterior. Entonces no es lo mismo hablar en bloque de movimientos sociales. No es lo mismo los pibes que militan que las cabezas, y no es lo mismo una agrupación chiquita que una que tiene financiamiento del estado.

Pero sí creo que las figuras más expuestas quedaron pegadas a un estado que evidentemente no dio las respuestas que tenía que dar. Y entonces se los enjuicia como se enjuicia a muchos otros actores de la política de los últimos años. Este gobierno hace un juicio final de todo lo que pasó en los últimos 10, 12 años. Y en ese punto, los movimientos sociales en 2001 —es increíble cómo nacen, la organización, la solidaridad, cómo se arman redes, a mí me resultan muy conmovedoras esas historias— pero después en el medio pasaron un montón de cosas que tuvieron que ver con una institucionalización de esos movimientos, con todo lo que eso conlleva. Tiene cosas positivas: podés acceder a tener más injerencia, a tener interlocutores más pesados, podés acceder a plata. Pero siempre tiene un costo tener un puesto en un gobierno, para cualquier persona.

Y después está el tema de la criminalización, pero no en plan que te persigue la policía, sino que se criminalizó en términos de sentido común: si sos piquetero, sos un vago. Eso también es una derrota cultural de los movimientos sociales. Es parte de toda la discusión que estamos teniendo en todos los ámbitos: todo lo que conocíamos está en discusión ahora porque está cambiando la época, y por eso todos estamos medio descolocados. Como «los progres», que nos dicen —porque todavía no sabemos hablar esta época, todavía no tenemos las herramientas.

Ofelia Fernández, la principal referente política juvenil del progresismo argentino

El progresismo y lo que viene

¿Cuál sería tu visión de una política ideal, o qué le está faltando hoy a la política?

Formación, para empezar. Mucha formación. Me parece que eso se perdió en los últimos años en general: la gente lee menos, se forma menos. Con todas las plataformas y redes sociales, uno tiene menos tiempo o está todo el tiempo compitiendo con todas las alternativas que tiene. Y esa es para mí la primera traba que tenemos desde el progresismo: que todavía no entendemos la época en la que estamos viviendo. No entendemos las transformaciones que están pasando. Y los libertarios lo entendieron hace mucho tiempo —por eso usan el término «no la ven»—, y por eso tienen la llegada que tienen, y por eso son gobierno, y por eso dominan las redes sociales como dominan. Faltan categorías nuevas, actualización.

Y después me parece que en Argentina el peronismo tiene algo muy potente, que es como la tercera posición —frente al debate de derecha e izquierda, «ni derecha ni izquierda, peronismo»— que es como una síntesis de un debate que se está dando a nivel mundial. Creo que este momento histórico también es una oportunidad: si ahora el debate ya no es más derecha-izquierda, ni trabajadores versus empresarios, sino pueblo versus casta, creo que también es un buen momento para pensar en una tercera posición sobre ese tema que sea una síntesis superadora. Pero para eso falta todavía, porque todavía nos estamos acomodando. Por eso al peronismo le cuesta tanto hablar, porque no sabe hablar su época.

Por ahora no tengo muchos referentes en los que piense que estén actualizados. Dentro del peronismo, Ofelia Fernández para mí es una que se nota que está haciendo un intento muy grande, que se está formando, que se está haciendo preguntas sobre su época. Del resto de la gente que escucho, no siento que nadie esté actualizado.

Hace un tiempo decías que el progresismo es más una cuestión de cómo abordar los vínculos que una cuestión económica. Mirando para atrás, ¿es viable volver a intentar algo que no tenga foco en la redistribución material?

Creo que más allá de que ahora estemos a la baja, hay un saldo que dejó el progresismo en estos últimos 10 años que no se va a poder borrar tan fácil. No vamos a volver a hacer lo que ya hicimos, porque lo que se hizo ya se hizo y nunca funciona repetir. Pero lo que me pasa con todos los embates de este gobierno hacia todo lo que son símbolos progresistas —desde la ESI hasta el aborto y muchas cosas más— es: primero, está bien, la gente votó esto, entonces es su turno de hacer lo que nosotros hicimos en su momento. Y por otro lado tengo como la fe de que hay sentidos comunes que ya penetraron. El feminismo, por más que las personas no sean feministas, hay categorías para pensar el mundo, términos que trajo el feminismo que están ya insertos en la discusión. No hay marcha atrás con eso.

Entonces lo que hicimos, no lo volvería a hacer igual. Obviamente uno aprende. Pero confío mucho en el saldo que dejó, no me parece que sea tan fácil de borrar. Me parece que incluso la batalla que están dando es sobre un piso mucho más alto que el que había cuando empezaron a gobernar las ideas progresistas. Que para mí, igual, no están solo asociadas al kirchnerismo: uno podría decir Alfonsín, mucha gente post Segunda Guerra Mundial que empezó a hablar de derechos humanos, toda la agenda que trajo el posnazismo. De hecho, la ESI en la Ciudad, el otro día recordaba que la había impulsado Marcos Peña. Bueno, ahí tenés. Es también un momento de alianzas medio inesperadas, porque uno se ve mucho más alineado con la derecha tradicional argentina ahora, porque están medio horrorizados también con algunas cosas del orden cultural.

Todas las discusiones son cíclicas, siempre vuelven, es como Never Ending Story. Pero yo tengo fe de que uno va levantando el piso. Argentina es un país mucho más progresista de lo que a veces se siente desde adentro: si viajás por América, hay un abismo. Confío en ese piso que dejamos.

El gobierno de Alberto, en perspectiva

¿Cuándo empezaste a ver que había que actualizar las categorías con las que leías lo que pasaba?

La primera vez que alguien me explicó una idea que me hizo repensar fue después de que yo di la entrevista en Futurock —a principios del año pasado, no sé exactamente cuándo— donde digo que Milei es un Virgo. En esa entrevista hablan de progresismo y yo digo eso de que el progresismo nunca tuvo plan económico, que siempre fue una serie de reivindicaciones culturales y sociales. Entonces no entendía por qué nos endilgaban tanto el fracaso del gobierno de Alberto, que fue principalmente un fracaso económico. No entendía por qué nos lo cargaban a nosotros: «nosotros fuimos la pata social de ese gobierno, no fuimos la pata económica, Martín Guzmán no fue mi ministro, no fue mi candidato».

Y claro, hubo un usuario de Twitter, @contrarreforma —con quien no comparto el grueso de sus opiniones, es sociólogo también— que se tomó el tiempo de explicarme cómo lo ven ellos. Y la lectura que tienen es que no tener un plan económico es ser cómplice del plan económico que propone el gobierno que bancás. Una lectura bastante trotskista, pero es quizás una obviedad cuando uno lo dice así, y sin embargo durante mucho tiempo yo no lo entendía. Y fue la primera vez que dije: «Ah, ahora entiendo cómo me ven. Entiendo desde dónde me están mirando.» Y en algún lugar lo comparto.

Sobre todo porque el gobierno de Alberto Fernández llegó con el discurso de «vamos a poner a la Argentina de pie». No fue un gobierno que dijera «vamos a dejar que la economía siga andando más o menos y estar con otros valores». Infló las expectativas, y después tuviste Vicentín, y bueno… trauma colectivo. Y no solo un trauma para los propios: también una falta de pericia total a la hora de administrar el poder. Porque en definitiva cada vez hay menos tiempo para ejecutar las medidas: uno tiene que usar el capital político rápido para hacer lo que quería hacer; si no lo gastó, después no podés. Así lo hizo Macri incluso —derogando un montón de cosas, metiendo los jueces de la Corte—, uno puede estar de acuerdo o no, pero ejecutó. Y Alberto no lo hizo. Es uno de sus tantos defectos, entre otros.

Si uno pudiera decir cuál fue la primera red flag, quizás fue Vicentín. Yo soy muy de discutir con la gente con esto: me dicen «pero le agarró la pandemia», y no: la pandemia vino 100 días después. En esos primeros 100 días, ¿qué iban a hacer? Y además nunca supo. Los ministros también eran todos como NPCs, nadie se la bancaba demasiado. Después ningún ministro se la bancó, salvo Guzmán, a quien yo reivindico mucho: nunca le solté la mano. Y cuando le quiso avisar a Alberto que iba a renunciar, Alberto estaba en una… bueno, ¿cuándo no estaba en una? Alberto es una vergüenza. Y es muy difícil para todos los que apoyamos ese gobierno, por lo menos en campaña.

Obviamente después muchos de nosotros nos bajamos discursivamente, pero la gente te dice: «No podés hablar, votaste a Alberto.» Y un poco de razón tienen. Perdimos legitimidad en la discusión. Va a volver esa legitimidad, pero ahora no la tenemos. Es muy cercana la experiencia, y muchos tampoco cambiaron el discurso de esa época. Entonces la pregunta es válida: ¿por qué volvería a confiar en vos?

Me pasa eso con el peronismo hoy: cada vez que habla un peronista que estuvo en el gobierno o que fue una figura relevante de los últimos años, es como… no tenés legitimidad para hablar, hermano. Date un baño de humildad y cerrá la boca por un tiempo. Entiendo que son representantes, que tienen que hablarle a la gente, que quieren ganar elecciones. Pero para mí no terminan de entender el nivel de crisis que está viviendo la política tal como la conocíamos.

Yo tengo la tesis de que un panadero debería ser ungido por el Partido Justicialista —o cualquier persona común— y presentado como hacen otros partidos que traen outsiders. Para mí es por ahí, porque cualquiera de estos, al día de hoy, no la veo.

Streaming, radio y medios

¿Cuál es tu evaluación después de haber estado en la tele, en la radio y ahora en el streaming?

Yo vengo muy de la radio y, aunque estoy muy involucrada en el streaming —porque en Blender laboro de directora artística además de estar al aire—, en lo personal tengo una agenda cada vez más anti redes sociales y anti todo lo que formo parte en el streaming. Es una tensión que tengo.

Este año, Tomás Rebord desembarcó en Blender

Sobre el streaming en particular, creo que está claro que vino para quedarse. Qué significa «para quedarse» en estos tiempos es difícil de definir, porque el ritmo al que van las cosas puede significar 5 años. Pero en la situación actual está muy claro que toda la gente que lo quiso deslegitimar tuvo que echarse para atrás. Primero, muchas marcas migraron al streaming porque consideran que es un negocio que les interesa, con audiencias jóvenes. Segundo, una parte de las audiencias más jóvenes migró a YouTube como plataforma principal para consumir lo que sea: desde canales hasta noticias. Y el tercer factor, que fue medio consagratorio, es que las figuras principales de los medios empezaron a venir al streaming. Las radios tradicionales tuvieron que mejorar sus cámaras; hubo un momento de consenso de que esto estaba pasando en serio. Por eso figuras tan pesadas de la tele como Ángel de Brito, Yanina Latorre, Majul —que también estuvo en El Observador—, o radios como Urbana Play, CNN… todos tuvieron que adaptarse porque llegaron a la conclusión de que esto no era una moda pasajera.

Las figuras más fuertes de las generaciones más jóvenes que laburan en comunicación están en el streaming hoy. Casi nadie queda solo en la radio. Todos los que le quieren hablar a su generación tienen una pata en el streaming. Aunque el streaming todavía sea un público más chico, lo que sí puedo decir es que la tele es de viejos: el promedio de audiencia es altísimo. Yo trabajé mucho tiempo en radio y mis papás estaban felices, pero mis amigos no me escuchaban. Entonces era elegir: ¿le querés hablar a mucha gente pero con la que no dialogás en el día a día, o a menos gente pero que creés que va a formar el país en el futuro? Yo lo elegí por eso.

¿Qué hacés como directora artística de Blender?

Mi tarea es armar la programación y después hacer un seguimiento de todos los programas. Es un laburo que es un poco ser nexo entre todas las áreas: sos el nexo de los programas con diseño, con redes, con comercial. Sos el nexo de todo lo que es el aire con el resto de las áreas del medio. Y después es un trabajo principalmente emocional, porque es lidiar con personas: tenés que tener paciencia, ganas de hablar todo el tiempo, ganas de tolerar gente sensible. El 90% del laburo es administrar emociones ajenas e intentar no ser un hijo de puta en el camino. Si tuviera que sintetizarlo: son muchas conversaciones todo el tiempo, muchas reuniones, es agotador. Pero soy una persona a la que le encanta hablar, así que siento que es un trabajo muy para mí.

Uno de los libros recomendados por Galia Moldavsky

Lecturas para entender la época

¿Qué libros recomendarías para entender el momento que estamos viviendo?

Para mí la biblia de esta época es La rebeldía se volvió de derecha de Pablo Stefanoni. Es un must: hay mucho que está ahí. Para mí es la base teórica para cualquier persona que no haya leído nada al respecto. Te da la explicación del surgimiento del alt-right en Estados Unidos, sus referentes y su marco teórico, que tiene mucho en común con el marco teórico de los libertarios. Mucho de lo que tiene la alt-right estadounidense, más o menos blanqueado, lo comparten ellos acá. Entonces es importante entender ese marco teórico para entender cómo se piensa ahora el mundo, aunque no sean literalmente las mismas figuras ni el mismo discurso. Fue el origen de un discurso que después se expandió en internet y en todo el mundo.

Después, ¿La democracia en peligro? de Juan Ruocco, que estudia el origen de toda la cultura memética y el rol que tuvieron en la política en los últimos años, sobre todo en las elecciones de Trump. De la mano de eso, estudia el surgimiento de 4chan y todos esos blogs que después escalaron en discursos radicalizados. Ruocco estuvo muy metido muchos años en esos blogs, entiende muy bien cómo funcionan y cómo se manejó el meme como herramienta política, tanto para hacer crecer figuras como para destruirlas. Me parece recontra relevante. Y le sumaría Los ingenieros del caos de Giuliano da Empoli, que acabo de terminar y que estudia a las cabezas detrás de las campañas de los principales líderes actuales. Esa tríada para empezar a entender la época.

Y después Pablo Semán es un referente absoluto para mí. Lo que más aprendí de él fue escuchándolo hablar, en conferencias y entrevistas. Es una persona muy clara que entiende de lo que está hablando porque además estudió a los libertarios muy de cerca, de manera muy cualitativa: habló en profundidad con ellos, de dónde vienen, qué piensan. Tiene información real.

También Mayra Arena. No tiene nada escrito pero es una persona que siempre estuvo adelantada a su época. La mayoría la conoce por su charla TED sobre la pobreza, que es lo que la hizo famosa. Pero desde entonces hasta ahora estudió ciencias políticas, tiene una consultora, recorre todo el país, tiene una pata en el mundo real. Ella fue una de las primeras en criticar al progresismo y al feminismo en ese sentido de que estábamos muy perdidos en las reivindicaciones más sociales y culturales, que no era la agenda que tenía la gente. La primera vez que lo escuché me enojé mucho, y con el paso del tiempo la entendí. Ahora viene a Blender cada tanto y siempre que la escucho pienso en lo inteligente que es.


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