Este texto no busca tomar partido por ningún actor. Mi objetivo es analizar qué puede y qué no puede hacer el nuevo gobierno boliviano dado el estado de la economía, la composición del Congreso y la presión social, y qué implicancias tiene ese límite estructural para la política, las organizaciones y quienes toman decisiones en el país.
Lo esencial en 60 segundos
- 19/10/2025: El centro-derechista Rodrigo Paz gana el balotaje pero tendrá un congreso sin mayorías (2025–2030) y un vicepresidente con autonomía y volumen propio: Casi todos los bloques son pro-EE.UU, debe lograr que se alineen gracias a eso. El veto potencial es social (20% de voto nulo impulsado por Evo Morales en la primera vuelta).
- Macro: la falta de dólares y los subsidios presionan los costos de inversión y pueden atrasar la importación de equipos.
- Clima social: Eventual recorte subsidios a combustibles (recomendado por el FMI) y desabastecimiento son gatillos de protesta (precedente 2010).
- Litio: revisión de contratos con CBC/CATL (consorcio chino) y Uranium One (empresa rusa) y evaluación de ley específica; se abre una ventana para esquemas más bancables —alianzas (JV), contratos de construcción (EPC) y acuerdos de venta futura (offtake)— que faciliten inversión privada y financiamiento externo.
- Gas/midstream: Bolivia ya no es productor relevante (upstream), por lo que se habilita la ruta Argentina (Vaca Muerta) → Bolivia → Brasil. Se abren oportunidades en peajes, compresión y O&M (operación y mantenimiento) si se consolidan los contratos, posicionando al país como hub logístico y operador de tránsito regional, lo que habilita inversión extranjera en servicios sin afectar la propiedad del gas.
Cómo quedó el Parlamento

49 PDC de Rodrigo Paz (verde)
39 LIBRE de Jorge «Tuto» Quiroga (rojo)
26 UNIDAD de Samuel Doria Medina (amarillo)
8 AP de Andronico Rodriguez (celeste)
5 APB Súmate de Manfred Reyes Villa (violeta)
2 MAS-IPSP de Eduardo Del Castillo (azul)
1 BIA-YUQUI

Cámara de Senadores:
16 PDC de Rodrigo Paz (verde)
12 LIBRE de Jorge «Tuto» Quiroga (rojo)
7 UNIDAD de Samuel Doria Medina (amarillo)
1 APB Súmate de Manfred Reyes Villa (violeta)
Mi análisis completo:
Rodrigo Paz, por el Partido Demócrata Cristiano (PDC), asumió la presidencia de Bolivia tras imponerse en el ballotage al candidato de Libre, Jorge “Tuto” Quiroga (54,5% a 45,5% respectivamente). “Tuto” Quiroga no pudo superar los negativos que traía por representar a una política previa a Evo Morales, percibida como oligárquica, poco arraigada a las mayorías del país e incluso racista. Los esfuerzos de la campaña de “Tuto” Quiroga por presentar una cara amigable para sectores que se sienten más vinculados a la tradición indígena del país fueron constantes (contó con el asesoramiento de Jaime Durán Barba), pero no alcanzaron (véase la polémica desatada por tweets del candidato a vice de Quiroga). La tensión macro que enfrenta Paz es un callejón estrecho: los subsidios a combustibles consumen miles de millones de dólares, erosionan las reservas y presionan sobre la escasez de divisas.

Quiroga decía explícitamente que su intención era aplicar una “terapia de shock”, lo que algunos asimilan a la promesa presidencial de Milei: es una simplificación excesiva, ya que el ajuste de Milei estaba planteaba contra “la casta”. Además, en Bolivia todavía no existe suficiente consenso sobre el ajuste a realizar (que en Argentina se generó tras el desastre económico del gobierno de Alberto Fernández). En ese sentido, no fue Rodrigo Paz quien ganó, sino la “terapia de shock” propuesta por Quiroga la que fue derrotada. Por eso, antes de anunciar una estabilización en Bolivia hay que ser muy cautelosos. Ahora el presidente Paz deberá demostrar que puede conseguir la fortaleza para surfear una situación económica muy compleja. Antes que problemas de comunicación, ya tiene problemas eminentemente políticos.
Encuesta Ipsos Ciesmori (eje troncal, marzo 2025):
- 65 % está de acuerdo con retirar la subvención a los combustibles.
- Pero de ese 65 %, 51 % solo lo acepta de forma gradual y apenas 14 % lo quiere “de inmediato”.
- Un 19 % quiere mantener la subvención y 16 % no sabe/no responde.
La campaña de Rodrigo Paz ha sido una campaña al principio bastante artesanal que creció a golpes. Su jefa de campaña fue Catalina Paz, su hija, una joven profesional formada en investigación de mercado y marketing que asumió el desafío con audacia. La que han hecho Rodrigo Paz y Edman Lara ha sido una expresión de una “campaña conectada” del tipo que el experto catalán Xavier Peytibi ha estudiado y desarrollado muy bien en su libro del mismo nombre. En un contexto de empobrecimiento de los ciudadanos bolivianos, ha sido muy importante que la campaña sea austera para representar coherentemente lo que se trató de transmitir. Además de recorrer el territorio, se valieron de la popularidad de Edman Lara, actual vicepresidente, quien ex policía que luchó contra la corrupción de la institución y se hizo popular en TikTok mostrando su vida cotidiana y denunciando al gobierno de Luis Arce.
Salvador Romero Ballivián, ex presidente del Tribunal Supremo Electoral (TSE) de Bolivia y doctor en sociología política por Sciences Po, analizó que “la geografía electoral de Bolivia en lo esencial no ha cambiado desde 1980 (tierras bajas orientales por la derecha y tierras andinas occidentales por la izquierda) e incluso desde 1951”, año en que se produjo un golpe de Estado para perpetrar un fraude contra el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) -al año siguiente, hubo una revolución minera pro-MNR que destruyó al Ejército-. Ricardo Paz Ballivian, uno de los sociólogos políticos bolivianos más experimentados, analizó: “Rodrigo (Paz) y Edman (Lara) aprendieron a complementarse y consiguieron hablarles a todos los públicos, principalmente a los ex votantes del MAS, que fueron desplazándose de la desconfianza y el voto nulo hacia la propuesta del PDC”.
Rodrigo Paz acaba de designar un gobierno compuesto por empresarios como Óscar Justiniano, expresidente de la Federación de Empresarios Privados de Santa Cruz, (Desarrollo Productivo); José Romero, exlíder de la Asociación de Productores de Oleaginosas y Trigo (Planificación del Desarrollo); y Mauricio Zamora, empresario vitivinícola y hotelero (Obras Públicas). Con esto, el presidente Paz marca un contraste histórico con gobiernos anteriores de Bolivia al no incorporar entre sus ministros a ningún representante de organizaciones sindicales (obreras y campesinas) que tienen mucho poder de movilización y que pueden poner ir rápidamente en su contra si se afecta sus intereses.
El nuevo presidente Paz deberá abordar su gobierno improvisando con gran velocidad, ya que no posee equipos políticos y técnicos suficientes previamente constituidos. Tampoco los tenía “Tuto” Quiroga, aunque estaba mejor posicionado en ese sentido; posiblemente el mejor preparado era Samuel Doria Medina (su ex candidato a vice, José Luis Lupo, se sumó al equipo económico de Rodrigo Paz), quien era favorito según la prensa pero no llegó al ballotage. Recordemos que en Ecuador, Guillermo Lasso tuvo un desafío similar (transicionar desde un populismo de izquierdas) y salió eyectado a mitad de su mandato. Al igual que Lasso, no controlará el Parlamento. Las listas parlamentarias de Paz, dice Romero Ballivián, “tienen muchas lagunas” porque no pensaba ganar.

Una diferencia con aquella transición en Ecuador, es que la Revolución Ciudadana (del populista de izquierdas Rafael Correa) sí tenía representación parlamentaria. Dado que Evo Morales no quiso apoyar a Andrónico Rodríguez (8%) y que el grupo del ex presidente Arce obtuvo un porcentaje bajísimo (3%), las diversas fracciones del antiguo partido de gobierno en este caso, la representación es mucho menor a la que podría haber obtenido. Lo que queda del MAS puede ser una oposición social, pero no gravitará en el Parlamento.
Tendrá el problema de satisfacer a sectores medios vulnerables que tienen la expectativa de que todo vuelva a ser como en la buena época del MAS. Y eso va a ser muy complicado. La economía boliviana tiene la dificultad de que la población no admitiría ningún tipo de recorte a la gasolina. Ni siquiera Evo Morales pudo lograr esto en el mejor momento de su gobierno, y a causa de eso enfrentó movilizaciones sociales durísimas. Ni siquiera “Tuto” Quiroga se animó a prometer eliminarla. Paz planteó originalmente “platita para todos” y lo combinaba con “capitalismo para todos”: ahora deberá ver qué bonos de los que el MAS ha creado dejará y cuáles no, siendo que había prometido incluso aumentarlos o crear nuevos.
En campaña, Paz prometió no recurrir al FMI. Sin embargo, el investigador estadounidense Evan Ellis, profesor sobre América Latina en el Colegio de Guerra del Ejército de EE.UU. analiza que el nuevo gobierno “necesitará una ayuda rápida y significativa de Estados Unidos para navegar por la grave crisis económica y los campos minados políticos del país”, incluso si su orientación no es tan pro-estadounidense como la de Quiroga.
Evo Morales no ha desaparecido del mapa de poder: ha quedado muy reducido y desgastado, pero aún conserva capacidad de presión (en primera vuelta, su llamado al voto nulo conquistó el 20% cuando en general ese voto tenía un porcentaje del 3%). La relación de Rodrigo Paz con el vicepresidente Lara ya es tormentosa: en su poderoso TikTok, a sólo 3 días de la asunción del gobierno, denunció que lo quiere excluir del gabinete y amenaza con luchar contra los ministros que puedan caer en “la corrupción”. «El pueblo sabe que estoy dispuesto a ponerme adelante», advirtió. El propio Evo Morales intervino en la polémica: «el presidente Rodrigo Paz tiene que reconocer y respetar al vicepresidente, ya que gracias a él ganó las elecciones».
La revisión de los acuerdos con CBC/CATL (China) y Uranium One (Rusia) no es un gesto simbólico: abre una discusión estructural sobre qué tipo de inversión quiere el gobierno de Bolivia en su industria de litio y bajo qué condiciones. Los contratos originales se firmaron sin que se materializaran en volumen, empleo ni industrialización. La nueva administración evalúa una ley específica que podría permitir esquemas más previsibles para inversores —alianzas mixtas, contratos llave en mano y acuerdos de venta futura—, pero sin resolver antes los conflictos por agua, impacto ambiental y consulta comunitaria cualquier intento de “reactivación” seguirá siendo frágil. La ventana existe, pero no es automática ni garantizada.
La transformación del sector gasífero es más profunda de lo que parece. Bolivia dejó de ser un exportador con poder de negociación para convertirse en un país de tránsito entre Argentina y Brasil. Eso cambia la naturaleza del negocio: ya no se discuten volúmenes propios ni precios de exportación, sino tarifas de peaje, capacidad disponible, estaciones de compresión y mantenimiento de ductos. El país puede capturar ingresos por esta vía, pero son ingresos más modestos y mucho más sensibles a conflictos sociales, problemas de abastecimiento interno o retrasos regulatorios. Es, literalmente, un nuevo rol para YPFB y para el Estado: menos geopolítica del gas, más administración de infraestructura y acuerdos trilaterales.
Si querés más información sobre el panorama político-comunicacional podés consultar mi artículo sobre la primera vuelta que incluye un recorrido por el gobierno saliente de Luis Arce y cómo fue la sorpresiva llegada de Rodrigo Paz al ballotage: https://lucasmalaspina.com/2025/10/01/bolivia-2025-primer-ballotage-y-voto-nulo-record-paz-pereira-vs-tuto-quiroga/
