Yehonatan (conocido como Ioni) Abelson formó parte del equipo que llevó adelante la estrategia de Gabriel Boric para la elección presidencial de Chile en el 2021 junto a Sebastián Kraljevich. Luego estuvo en la estrategia de campaña de Bernardo Arévalo, quien venció en las elecciones presidenciales de Guatemala en el 2023.
Ioni Abelson, de nacionalidad argentina, también llevó adelante un trabajo importante en la estrategia del plebiscito constitucional de Ecuador (20 de agosto de 2023), que dio como resultado el “Sí al Yasuní”: el objetivo en este caso era proteger el Parque Nacional Yasuní (en la amazonía ecuatoriana) y su biodiversidad, relegando la explotación petrolera. Cuenta a su vez con trabajos en Bolivia, en la República Dominicana, en Brasil y en México, además de Argentina y Estados Unidos.
Hablamos sobre Estados Unidos. Ahora me interesa preguntarte sobre qué ves más allá de Estados Unidos, por lo menos vamos a decir, el mundo occidental o el mundo que tiene, por este caso, Estados Unidos, puede ser también Europa, puede ser también América Latina, los países que, de alguna manera, comparten ciertas características de tener una opinión pública, de tener elecciones democráticas y que, con muchísimas, muchísimas, muchísimas diferencias, últimamente están inmersos en un debate que vos mencionas. Encontramos, sobre todo en el último tiempo, nuevas formas de expresión política que pueden tener que ver con cuestiones ideológicas o pueden tener que ver con otras cuestiones, quizás hasta generacionales, de cambios de la manera de ser humanos incluso. Me gustaría conocer cuál es tu visión sobre esa transformación que se está produciendo en la opinión pública occidental en cuanto a su expresión, a su acción política y a su manera de generar corrientes de opinión.
Es una pregunta profunda que tiene muchas respuestas y es algo en lo que vengo pensando mucho, la verdad. Quiero intentar entender qué está pasando. Y creo que tiene varias aristas, porque me parece que es algo que es transversal a todos los países. Tener en Argentina a Milei, a Boric en Chile, a Bolsonaro en Brasil, a Petro en Colombia, más arriba a Bukele, a AMLO -que si bien es un político de siempre, tiene un partido que tiene menos de 10 años- en un país como México, ese país que es el más institucional de América Latina -donde el PRI gobernó 70 años, donde después fue el PAN, que era un partido también ya viejo-. AMLO formó un partido nuevo y ganó las elecciones. En Guatemala con el Movimiento Semilla y su líder Arévalo. Daniel Noboa en Ecuador, era una persona que dos meses antes de la elección nadie sabía que existía, era un asambleísta de un lugar muy chiquito que se llama Santa Helena. Bueno, ¿qué está pasando? Algo pasa, porque no es un accidente, es una norma. Quizás las excepciones son Uruguay, Paraguay, o sea, algunos países. Pero bueno, en Uruguay también hay candidatos más por fuera del sistema. Yo creo que ahí pasan tres cosas.
La primera es un profundo descrédito de las instituciones. Hay un cambio radical que se ve en el mundo, que empezó en el 2000, cuando se fundó Google, 2004 se funda Facebook. Todos empezamos a registrar nuestras opiniones en el mundo online. Internet funciona hace mucho, pero realmente los cambios generados por el advenimiento del Internet, sobre todo en el campo son más recientes, porque no es tanto el tema de que haya una web o no de una campaña, sino es un tema de que yo escriba un tuit y haya 100 personas de mi burbuja que me digan: Vamos, no sé qué, y eso genere un montón de visualizaciones y eso quizá llegue a un presidente o pueda llegar a un diputado que me contesta. Eso es realmente la consecuencia real de la llegada de Internet, que se empezó a dar en la década del 2010.
En 2015, Mauricio Macri, surgió como un emergente del mundo Facebook. El mundo Facebook seguía siendo de redes de conocidos. O sea, yo en Facebook no ponía algo y me podía ver alguien, un tipo en Salta que le llegó mi contenido. Eso empieza mucho después. O sea, estamos pensando, Macri 2015 era el mundo de Facebook. Poco después, Alberto Fernández en 2019 ya era un mundo de Instagram donde sí se empezaba a abrir esa burbuja. Yo escribía algo y lo leían mis amigos de la primaria, a quienes no veían hace mil años, pero sabían lo que pensaba políticamente, quizás. Sin embargo, no veía a alguien que yo no conocía. Bueno, con el nuevo Twitter, con Instagram, y ahora ni hablar TikTok, que potencia eso con esteroides, empieza a salir de mi burbuja.
Entonces, eso genera una democratización de las opiniones, una democratización de los comentarios, una masividad de la opinión y de todos los temas que generó una ruptura grande entre nosotros y el pasado reciente. Entre nosotros y el grupo Clarín, entre las instituciones y el Gobierno, entre nosotros y la Justicia, y entre nosotros y el Congreso. La Justicia, el Congreso, los partidos políticos, los sindicatos son de las organizaciones peor evaluadas que tiene la Argentina. Ninguna pasa el 20%, que la Justicia es la que más tiene y tiene 20%, que es un papelón. De ahí todo para abajo. El sindicalismo tiene 7%, el Congreso 10. Estamos hablando de números muy bajos. Todo eso viene de la ruptura entre lo que somos hoy y lo preestablecido.
Estamos un poco huérfanos de sentido: ¿Y entonces qué? ¿Le voy a hacer caso a mi vecino? ¿Le voy a hacer caso al reel de Instagram que me llega, al que sigo de TikTok? Empieza a pasar eso. Hoy la gente se informa y forma su opinión respecto a lo que diga cierta gente que le llega, cierta gente que le gusta, periodistas, canales, streamings. Eso lo que generó fue una ruptura grande de lo establecido, una ruptura grande de la confianza hacia las instituciones y sobre todo, el advenimiento de gente antipolítica.
Lo segundo es, que tiene que ver con esto primero, es que antes, el director de Clarín y el director de la Nación ponían los temas en la etapa de la Nación. Esos temas los leía la persona del programa de radio en Continental, no importa, en Continental, Radio del Plata, Mitre… Eso lo repetía el taxista y lo repetimos todos, todo el día, hablábamos de eso. El noticiero de Telefé lo decía al mediodía y después a la noche, y todos hablábamos de lo que querían estos dos tipos.
No lo digo como algo conspiranoico, sino que había poca gente que nos decía sobre qué hablar. Hoy con Internet, eso es mucho más grande. Ahora hay 100.000 personas, 500.000 personas que nos dicen de qué hablar, que hacen un reel todos los días, intentan meter como intentan tener viralidad, inventan temas y siguen temas y esos temas van llegando a mucha gente y quizás de esos temas terminan llegando a la tapa de Clarín, pero eso antes tuvo visibilidad en la red.
Entonces, cambió mucho quiénes proponen los temas de los que hablamos. Se democratizó mucho eso, inclusive los candidatos. Hoy un candidato, puede ser un candidato que esté peleado con el establishment, podría pasar que se financie de dinero de la gente, de pequeñas contribuciones, como sí pasa en otros países, y que haga toda la carrera electoral por fuera del establishment, que antes nos decían quiénes cuáles eran los candidatos viables y cuáles no. Hay un estudio muy bueno de un profesor de Harvard que se llama Larry (Lawrence) Lessig, que habla de que el 0,02% de la gente nos dice qué votar porque son los que financian las campañas electorales. Al final del día, si ese 0,02% le da plata o no a un candidato, es lo que hacía viable o no a un candidato. Eso hoy puede cambiar y está cambiando. Eso hace también que haya candidatos que no eran viables hace 10 o 20 años.
Y la tercera es la idiosincrasia, el statu quo. Yo tengo la teoría de que la política se parece mucho a las empresas que vemos todos los días a nuestro alrededor. ¿Y qué quiero decir con eso? En los 80, un presidente lo más probable era que se parezca al presidente de la Standard Oil, del City Bank que era un rubio, un tipo un hombre blanco, canoso, con traje y quizás bigote. Ese era el prototipo de CEO de una gran empresa o de gerente y un presidente.
En los 2000, eso cambió. 2010, porque vinieron los Mark Zuckerberg de la vida, el CEO de Google, vino el CEO de Twitter, vino Elon Musk, que eran gente mucho más relajada con zapatillas. Y ahí vinieron los Obama, y ahí vinieron las Mac, y ahí vinieron los zapatillas, vinieron gente mucho más relajada, como diría, de una barba más femenina, si se quiere, menos macho: que se vestían distintos, que hablaban distinto, que te tuteaban, que se acercaban a la gente. Eso en el 2010.
Hoy, ¿cuáles son las empresas que tenemos alrededor que dominan nuestra vida diaria? Rappi, Uber, Bitcoin, las financieras, las casas de apuestas, Airbnb, YouTube y los influencers, Instagram y los instagramers. Y todo eso es una sociedad absolutamente individualista, donde yo no te necesito. Yo hago mi contenido y no necesito ninguna agencia que me maneje, no necesito un productor, una discográfica que haga mis temas. Yo directamente con la gente. Tengo una habitación que me sobra y la alquilo. Yo no necesito un jefe, no necesito un horario. Viene un sueco, alquila mi habitación y me da plata y muchas veces no pagó impuestos, no tengo horarios. Tengo el auto, laburo al mediodía y al otro mediodía me meto en el auto, hago la diferencia, me va bien, lo mismo Rappi. Son empresas que manejan una lógica mucho más liberal e individualista. El famoso discurso de “Sé tu propio jefe”, ponés tus horarios, hacés lo que quieras, no jodas a nadie y nadie te va a joder a vos. Esa idiosincrasia, ese statu quo, esa forma de ver la vida que estas empresas trajeron al mundo, que vienen después de lo que fue el mundo Facebook, que era mis amigos, mis amigos de la primaria, me encuentro con mi primera novia y le pongo que todavía me acuerdo de ella o mis amigos de la primaria, esa red de contactos. Vienen hoy a ser reemplazados por algo mucho más individualista, mucho más exitista, mucho más superficial también, pero sobre todo liberal. Yo, cada uno, por su cuenta. Eso también influye en que vengan este tipo de presidentes.
O sea que estas empresas arman la autopista ideológica para que crezcan las narrativas de estos políticos.
Hace poco, seguramente lo viste, se hizo super conocido el libro, “El Mago del Kremlin”, y entonces, Giuliano da Empoli, que es el autor, un suizo, estuvo en Argentina y se sorprendía, decía: “No puedo creer que este libro, que fue inspirado por una persona real y luego llevado a la ficción, ahora de la ficción vuelve a pasar a una persona real que se identifica con él”. Se refiere a Argentina, en relación a Santiago Caputo.
Giuliano da Empoli tiene otro libro, que ahora está siendo un poco más retomado acá, que se llama “Los ingenieros del caos”. No es una novela a diferencia de “El mago del Kremlin”, es un libro ensayístico y analítico. Y no dice nada super nuevo, pero es algo que para mí está bueno porque da Empoli va hilvanando diferentes casos que de alguna manera muestran la manera de trabajar y de explotar ciertas cuestiones de la sociedad actual por parte de gente de Trump o gente de Orbán o gente del Brexit, y del movimiento 5 Estrellas en Italia (que fue bastante anterior a los otros ejemplos) lo que en definitiva marcaría una lógica a esto de explotar la viralidad, explotar las potencias que se abren con las herramientas digitales para romper mucho más allá del círculo original y penetrar en ciertas burbujas que son autorreferentes. Y después da Empoli marca los componentes típicos de una época como la nuestra, de crisis económica y social por lo menos en Occidente, que es la ira. La ira también existió en la época de la República de Weimar, no es nada nuevo, eso siempre existió.
El tema para da Empoli es “ira + algoritmos”. O sea, el cambio entre la velocidad y la intensidad con que se modifican esos enlaces sociales, digamos, entre las personas. Para da Empoli, había una política newtoniana y ahora estamos en una política cuántica.
En Chile, que vos conoces bien, está la Universidad Católica y ellos tienen un departamento de Social Listening pionero en estudiar cómo se iban modificando las opiniones, comunidades sociales, digitales. Y en el prisma que usaban para leer, está esto de traer a la física para leer las interacciones que se producen en las redes y entre diferentes burbujas, cómo se rompen y cómo se rearman y cómo aparecen en la vida pública y política.
Primero, ¿qué opinás de todo esto? O sea, ¿qué ves de esto que quizás está más centrado en Europa, en el caso de “Los ingenieros del caos” de Giuliano da Empoli, ¿qué ves de eso que puede estar ocurriendo o teniendo algo que ver con todo lo que contabas antes de América Latina?
¿Y qué pensás de este prisma tomado de la física para ver los cambios de las interacciones entre las personas en dos planos sociopolíticos?
Voy a intentar organizarme.
Sobre el tema de las burbujas, de lo que mencionas antes, es muy interesante un paper o una investigación que hizo The Economist en el 2019: “¿Por qué los votantes felices votan a partidos enojados?” Esa era la traducción. Y analizaba un poco lo que pasó con el Brexit y lo que pasó con el Movimiento 5 Estrellas en Italia. Entonces es algo a tener en cuenta a los algoritmos de las redes sociales, que lo que hacen es priorizar los contenidos que tienen mucha interacción, no importa cuál sea la interacción. Entonces, si vos tenés un candidato centrado y moderado que dice las cosas sensatas, no generás interacción. Nadie te dice: “Es buenísimo”, “qué sensato”, “qué tibio”, “genial”, “viva la moderación”. No existe. Sí existen partidos o candidatos extremos que generan mucho odio y mucho amor. Ese odio y ese amor catapultan esos contenidos a todo el espectro político. El partido del Brexit y el Movimiento 5 Estrellas en Italia habían tenido más de cinco veces más visualizaciones que los demás partidos, justamente por eso, porque generaban interacción. Buena y mala, no importa. De hecho, si es mala, es igual, pero genera interacción. Entonces, eso rompe las burbujas y hace que existan extremos muy artificialmente, muy visibles, mucho más de lo que representan en realidad y un centro mucho más invisible de lo que en realidad representa. Pero eso claramente termina contaminando todo el espectro en el cual uno ve mucho más a los candidatos más extremos que a los candidatos del centro. Eso por un lado.
Y por el otro, ¿cómo crees que está influyendo esto en la forma en la que la gente estructura sus comunidades sociopolíticas. Es decir, si tal vez nosotros en el pasado leíamos a la gente y pensábamos: Está ocurriendo dentro de la agenda, hay dos o tres marcadores de agenda, y tratábamos de ver cómo la gente reaccionaba frente a eso. Ahora, creo que sería lo más óptimo para entender qué está pasando en la opinión pública hacer seguimiento de estas comunidades, que no necesariamente sean políticas, sino comunidades que se forman a través de otros intereses y de otras características, para ver cómo ellos van reaccionando frente a los temas de la agenda y qué temas van introduciendo. Por ejemplo, con TikTok.
TikTok vino a cambiar mucho la forma en la que nos conectamos con el mundo digital, porque ¿cuál es la característica de TikTok? Que sale de tu burbuja. A vos no te ven tus seguidores. De hecho, te ven pocos seguidores, te ve otra gente. Lo que necesitas justamente es que la gente diga que tu contenido es relevante, ni bueno ni malo, es relevante, para que se le empiece a mostrar a mucha gente. Hay un paper muy bueno de Harvard Policy Review sobre el tema, algo así como por qué TikTok vino a cambiar la política, del 2020, muy del principio de TikTok, que explicaba esta dinámica. Tiktok te saca de la burbuja de seguidores y eso es clave, es clave para este nuevo mundo y es clave para lo que la gente busca hacer. La gente no le habla a sus seguidores, la gente le habla o a sus seguidores solamente para que le den relevancia al contenido y ese contenido salga. Tuve un streaming el año pasado (“Son todos iguales”), nos seguían 1200 personas, 1400 personas. En TikTok no me acuerdo, que hayan sido 20.000, pero teníamos clips de más de un millón de visualizaciones, un millón y medio, un millón 200 mil. Y eso era porque claramente en elecciones eran contenidos relevantes y habían salido muy por fuera de nuestra burbuja. Entonces, eso cambia la forma en la que nosotros nos relacionamos con ese mundo. Y es un mundo en el que se busca hablar más a otra gente que a la propia, lo cual creo que es algo muy bueno, porque en un momento, en el momento de Facebook y de Twitter, estamos demasiado metidos cada uno en su campana de eco y esto te saca un poco, la verdad. (El viejo) Twitter no, Twitter es la reina de las cámaras de eco, vos pones algo y te siguen unos o te siguen otros y punto. No hay mucho cruce ahí. Aunque ahora como TikTok le está yendo tan bien, todos están intentando copiar un poco e ir para ese lado.
Sí, siempre pasa eso. Con respecto a esto que planteabas sobre TikTok, me interesa conocer tu visión sobre lo siguiente. Un poco nos da la sensación que quizás, de repente, en la política actual predomina mucho un rechazo hacia lo diferente. Y al mismo tiempo, estamos hablando de que TikTok es lo que predomina y TikTok no se caracteriza principalmente por esto. En TikTok hay un montón de cosas que son más de color, humorísticas. Hay como una suerte de superposición. Si uno mirara desde las redes lo que pasa en la sociedad, diría: “Bueno, sí hay mucho enojo, pero también hay mucho humor”. Y esto me parece interesante para tratar de pensar un poco lo que tiene que ver con las izquierdas. ¿Vos cómo ves que están usando las izquierdas estas herramientas? ¿Crees que están a la altura, que están atrasadas?
¿De quienes estás hablando?
Y ponerle desde el Frente de Izquierda trotskista pasando por Cristina Fernández de Kirchner hasta Horacio Rodríguez Larreta, en Argentina. Muy amplio. Que finalmente lo único que comparten, pero no es poco, es el tema de los valores progresistas en el orden de lo comportamental. Y después, en el resto de Latinoamérica, con ese mismo nivel de apertura.
Primero, hay un libro, que se llama “La rebelión del público” (editado en Argentina por Interferencias), de un gringo que se llama Martin Gurri, de apellido, que fue del FBI. Gurri dice que una de las consecuencias de los cambios que se están dando en nuestra sociedad, donde está la deslegitimación de las instituciones, es la cultura del no, es el rechazo. O sea, comunidades que se juntan más por el rechazo que por el amor, como decía Borges, no es el amor, sino el espanto. La cultura del no. Entonces, creo que lo que vos decís, eso del miedo a lo diferente o el rechazo a lo diferente, no tiene tanto que ver con el rechazo a lo diferente. El tema es el rechazo, como nexo, como algo que une a un montón de gente que piensa distinto, pero rechaza algo. Si querés, lo que vos decías, del FIT a Larreta, quizás este rechazo de Milei, que une el rechazo a Milei o a ciertas cosas que hace Milei, lo que puede unir a sectores tan disímiles como el FIT y Larreta. Y eso se va dando en TikTok también y en todas las plataformas y en la vida en general.
Eso, la cultura del no, forma comunidades o grupos que se unen, más por estar en contra de algo que a favor, por ejemplo en el estallido en Chile, una gran unidad popular masiva en contra de una Constitución, quizás el elemento más paradigmático que es que cuando logran sacar esa Constitución, después no quieren ninguna de las otras, después le presentan una Constitución hecha por la izquierda, por una constituyente muy ciudadana, de hecho que no representaba casi a ninguno de los partidos políticos, sino a muchísimos candidatos ciudadanos, la rechazan. Después viene una Constitución hecha por la derecha que había ganado el Congreso, la rechazan y se terminan quedando con la Constitución original. Es la cultura del no. Estamos en contra de esto, pero también en contra de esto, pero también en contra de esto. Entonces, nos quedamos con lo que estábamos.
Va ser interesante para ver qué nos está pasando y muy interesante para las elecciones que vienen en Argentina. Bueno, Milei está en contra de la casta, ¿y los otros en contra de qué van a estar, de Milei o de algo más grande? Esa me parece una pregunta que todo candidato que esté pensando en correr en el 2025 y sobre todo en el 2027, tiene que pensar de qué va a estar en contra.
¿Qué tiene que ordenar a un consultor político en este momento? Donde finalmente ya no hay una única campaña que maneja todo, o sea, donde los spots son muy poco relevantes en comparación al pasado, donde los actos ya no son tan importantes o prácticamente muchas cosas tradicionales ya no tienen influencia, donde incluso las redes sociales oficiales ya no tienen ni tanta importancia, porque se busca estimular la conversación desde diferentes lugares. Y quizás todas esas transformaciones que vemos en lo social, después en lo político, también van a la propia consultoría. Vos que sos una persona que es, digamos, joven y que ha tenido mucha experiencia en el último tiempo en todo esto de las campañas y en Latinoamérica en general, ¿qué creés que debe ser tenido en cuenta para afrontar los cambios?
No lo sé. ¿Qué está pasando hoy? Antes se hacían cinco spots relevantes, hoy tenés que hacer 30. Antes se hacía un evento grande en River, hoy tenés que hacer un montón de giras por el país. Todo eso, lo que pasó fue que como el peso de cada uno es menor. Y entonces, como respuesta, creo que la clave es la coherencia. Lo que tenés que tener es un mensaje relevante. Tenés que tener algo relevante. No tenés un spot para mostrarlo, no va a ser que “dicen que soy aburrido” y eso va a explotar, como el spot de Fernando de la Rúa en 1999. Va a tener que hacer 30 videos, pero esos 30 videos tienen que decir lo mismo y eso tiene que ser relevante. Hay que tener algo para decir.
¿Qué es lo que tuvo Milei? Algo relevante para decir, a diferencia del resto de los candidatos. El resto no tenía nada para decir. Larreta no logró armar un discurso que tenga peso específico en la sociedad. Massa tampoco, en gran parte por su doble cara de candidato y ministro de Economía. Quizás Patricia Bullrich podría haber tenido algo, pero no llegó a calar y el único que lo tuvo fue Milei.
Entonces, yo creo que antes de pensar si se va a hacer un evento o se va a hacer los spots o el eslogan es: ¿Qué tenemos para decir?. Es decir algo relevante, tiene peso específico, llama a distintos grupos de la sociedad. Bueno, eso es lo primero que tenemos que hacer y eso va a ser lo más importante de la elección.
Ahí va. ¿Cómo llegaste? ¿Y dónde fue la experiencia en la consultoría?
Yo estudiaba marketing y sociología. Dos carreras por separado. Marketing en una privada y sociología en una pública. En la UCES y en la UBA. Y mientras trabajaba, era una locura. Un día voy caminando hacia la UCES y en la librería que está en la esquina veo un libro. Se me fue el nombre del autor. Bueno, no importa, que ahora es cónsul en Miami, creo. Y que se llamaba marketing político. Y yo ahí me digo: Claro, eso es lo que estoy buscando. O sea, como yo hacía las dos carreras, no entendía hacia dónde iba, pero sabía que las dos cosas me interesaban, como medio de la sociología, entender a la gente, entender las tendencias sociales y el marketing como algo más concreto. Y cuando vi eso, fue realmente como una revelación. Vi la etapa del libro y dije: “Eso es”. Entonces, compré el libro y fui a mi casa. Y además de empezar a pensar cómo renunciaba, googleé “marketing político”, me apareció la Asociación Latinoamericana de Marketing Político, que tenía los nombres de los miembros y sus emails, y le mandé un email a cada uno: “Hola, ¿qué tal? Soy Yehonatan Ábelson. No sé nada de esto, pero me encantaría entrar”. Viste que a los que nos interesa la comunicación política es como una pasión fuerte, no es un hobby, es como una misión, no sé, como algo muy fuerte. De hecho, yo recibo todo el tiempo de gente que quiere entrar y me di cuenta que hay algo muy importante. Entonces, le mandé a todos y me contestaron algunos, entre ellos Roberto Izurieta, que me contestó y tuvimos como un intercambio, que justo venía acá a hablar a un evento que organizaba Doris Capurro. Yo fui al evento, lo conocí, charlamos, me recomendó a un consultor que acababa de terminar la maestría en Washington y se estaba abriendo su oficina en Argentina, que se llama Rodrigo Lugones, a quien le debo muchísimo de mi carrera. Habla a estas dos personas, a Roberto Izurieta y a Rodrigo Lugones. Empecé a trabajar gratis para Rodrigo, porque él no necesitaba a nadie, pero yo le digo: “Quiero entrar en esto, no me importa si no me necesitás a nadie, tenéme ahí y vemos”.
Y ahí empecé a crecer. En el 2008, me fui a estudiar a Estados Unidos. Parece poco, pero en esa época de la vida, tres años, es un montón. Y ahí, en Estados Unidos, hice la maestría y conseguí, si se quiere, mi red de networking, que hizo que pueda trabajar mucho en América Latina. Creo que la diferencia, o algo que me identifica, es que yo tengo mucho trabajo en la región y tiene que ver con haber estudiado afuera y haber conocido gente de otros países. Y así. Fue realmente algo muy espontáneo. Fue así como te lo cuento. Compré el libro y me puse a mandar mails y renuncié al trabajo en el que estaba.
Para finalizar: recomendaciones de libros que nos puedas hacer
Hay muchos. Yo creo que los de Jaime Durán Barba, si bien explican otro momento, no tanto el momento actual. Yo trabajé con Jaime a raíz de trabajar con Rodrigo y aprendí muchísimo de él. Creo que todos los libros de Jaime siempre son muy esclarecedores en ese sentido. Yo creo mucho que el marketing tiene mucho que aportar, porque veo que la gente que trabaja en esto, en Argentina, sobre todo, en muchos países de América Latina, vienen mucho de las ciencias sociales, pero creo que hay algo del marketing, de poder decir las cosas sencillas, de tener una razón única de venta, de poder resumir una idea grande en algo pequeño. Creo que hay algo de eso que es muy valioso, porque la gente no tiene tiempo de leer a Durkheim para entender lo que me querés decir. Entonces, necesito, que me lo digas rápido, porque tengo un montón de otras obligaciones y preocupaciones.
Y te agrego “You are the message» (Roger Alies) que es muy importante.
Te diría ese, de Jaime, y el de Gurri, que me parece muy bueno para entender el mundo de hoy.

Deja un comentario